Cuando tu mirada me besa

Cuando tu mirada me besa, me pone la esperanza bien tiesa.

Puede que, a veces, mi conducta te resulte de lo más espesa. Si no me lanzo a declararte lo que mi Corazón expresa, acabaré repitiendo la misma jugada de cuando me convertí en víctima y en mi propia presa.

Si te miro, estos ojos me delatan y confiesan que, por mucho que te ausentes, mi Amor por ti progresa. No porque tu esencia sea tan elegante y atractiva como la de una condesa, sino porque descubro entre tus pupilas una refulgencia de lo más traviesa de la que siempre ansío empaparme para poder sobrevivir a la soledad y salir de esta situación ilesa.

Cuando el tono de tu mirada es de color dolor y me besa, siento ganas de hundirme entre sus aguas turquesas y refrescarte la memoria al recitarte en prosa que sigues siendo maravillosa, Tessa.

Antártida

Adoro el frío. Mi lugar preferido de este mundo hecho un lío es la Antártida y su inocente rocío. Aunque sus bajas temperaturas contrasten con el fuego de tu hermosura, el hielo está en movimiento igual que los latidos de tu cordura.

Si empezáramos de nuevo (II)

Si nos diéramos una oportunidad en condiciones, no volvería a enumerar las estrellas del cielo todas esas noches que no estuviste junto a mí, y pasaría a contar las veces que brilla la Luna en tus pupilas cada vez que me miras. Dejaría de planear una guerra en el lado de los buenos autores o los malos soñadores para hacer el amor contigo en la misma cama y sanarnos los escozores. Revolvería todas las palabras del mundo hasta encontrar unas que rimen sin que nos timen.

No sé tú, pero yo no aguanto más que el destino interfiera cuando intentamos romper tanta espera. Te haría (poemas desde) el amor con toda la ternura que me inspira la unión de nuestro sabor.

Copio tu expresión, “por acariciarme la Vida”. Eso mismo anhelo regalarte cada día. Compartir unos cafés mientras pensamos en si haremos bien poniendo nuestro destino del revés. Besarte las patas de gallo y cada una de tus arrugas, que tú las miras mal pero yo te recuerdo que te hacen auténtica, de verdad; solo son señales de que te has reído hasta la saciedad. Y si te nace alguna cana solo es porque intenta brillar más que tu mirada, tintando tu pelo de plata.

Ahora que sé ser sincera, si empezáramos donde quisimos una vez, no volvería a dejarme arruinar por mi timidez. Quizá sanaría las heridas que me he ido abriendo en este camino de años fingiendo, nadando a contracorriente en los recuerdos del ayer persiguiendo por doquier algo imposible de sostener.

Traficaría con los sentimientos, recorrería los lunares de tu espalda y de todo tu cuerpo, perdería mi norte por el sur de tus caderas y le aullaríamos al cielo nocturno como dos fieras. Te regalaría un sueño y mil estrellas más la luna, porque a ti te sigo amando como a ninguna.

Si me dices que sí, yo giro el mundo para que siempre te dé el sol y te acompaño en las tinieblas cuando sientas que has perdido el control.