¿Qué es Mistresses? Una serie de la BBC que relata los afanes y aventuras de cuatro británicas damas, amiguísimas, que se cuentan hasta lo más íntimo de sus afanes, cuitas y devaneos existenciales. Estas cuatro mujeres no son de tener muchos problemas, esa es la verdad. Pero cada una tiene uno y sólo uno, y con él les basta y sobra porque es tan gordo que, si tuvieran otro más, sería puro ensañamiento. Ellas son Trudie, Siobbham, Katie y Jess. ¿Recuerdan aquella paradoja de que los tres mosqueteros en realidad eran cuatro? Pues aquí tienen cuatro superamigas una para todas y todas para una.

Ahora bien, seamos sinceras. Nuestros ojos no se posarían en la trama Mistréssica si no hubiera tema lesbicanario. Así que, concluídas las presentaciones y con la verdad por delante, ahí va la confesión: La que nos interesa es Jess. Nuestra Jessica se ve interpretada por Shelley Conn, a quien también pude ver en “Nina´s Heavenly Delights”, película simpática por lo que cuenta y porque en ella no se mata, ni se castiga, ni se martiriza o tortura a nadie por ejercitar opciones lesbicanarias.

Jess es una guapa, atractiva y seductora mujer que sabe cómo utilizar sus encantos obteniendo el mayor rendimiento posible. Su concepto de conciliación vida personal-profesional pasa por relaciones muy “intensas” con clientes y demás personas que conoce en el trabajo y fuera de él. Ella es eficaz: si quiere acostarse con alguien, lo consigue sin más. Trabaja como organizadora de eventos en una empresa del ramo, liderada por un tal Simon. Jess vuelve muy contenta de París por lo provechosas que han resultado sus actividades amatorio-profesionales en las camas visitadas.

Su jefe (Simon) está absolutamente obsesionado con acostarse con ella. A Jess no le parece mala idea, pero teniendo en cuenta que la esposa de Simon podría enfadarse un poquirritín si se enterara de lo que se traen entre manos, es mejor disimular. Así que, para dedicarle más tiempo sin que su mujer se mosquee, Simon decide que va a encargar a Jess una especie de super-misión que la mantendrá necesariamente cerca de él por el tiempo suficiente para echar varios polvos discretos. Y la super-misión es organizar…..Tararíiii….Tacháaann…¡una Boda Lesbiana!

Jess odia las bodas. Con absoluta visceralidad. Pero la posibilidad jugosa de tirarse al jefe vence sus resistencias y acepta. Simon se acerca para presentar a Jess a las dos clientas, llamadas Lisa y Alex. Y justo antes de llegar al radio de acción de sus oídos, suelta un comentario preciosamente lesbófobo: “¿Cuál de las dos crees que es la novia?”. Siendo muy piadosa, se me ocurre colgarlo por los dedos gordos de los pies y tenerlo boca abajo por lo menos tres cuartos de hora. Así conseguiremos que la sangre que tiene retenida en ciertas partes de su cuerpo gentil llegue por fin a la cabeza y comience a funcionarle el cerebro correctamente.

Pronto la super-misión deviene en imposible-misión. Jess ofrece inocentemente dos opciones para la boda: “small and beautiful or big and fabulous”. Las contrayentes insisten en compaginar lo incompatible: quieren una ceremonia íntima pero con ¡200 invitados! Esa dicotomía conceptual plantea un reto a Jess. De nada vale mostrarles una especie de nave industrial con capacidad para meter elefantes si menester fuera, ni cottages campestres con hermosuras vegetales alrededor, etc, etc. Todo acaba chocando contra la evidencia de que las novias no saben qué demonios quieren para la ceremonia.

Jess tiene un problema, pero sólo a medias, porque por lo menos ya ha conseguido el objetivo fundamental por el que aceptó el trabajo: tirarse a su jefe.

Y un buen día, Lisa (la novia A) empieza a estar muy ocupada como para ir a ver escenarios boderiles. Alex (la novia B) pasa a encargarse full-time del asunto y sigue como perrito faldero a Jess buscando la ubicación de la ceremonia ideal. Jess ya se está empezando a cansar de tanto paseo, pero retoza con Simon entre visita y visita, y ello le ayuda a solventar la frustración laboral.

Por fin, encuentra un castillito (más bien parece una torre mocha) sin arreglar pero muy coqueto, y le vende a Alex lo romantiquísimo que quedaría todo el evento en tan medieval ubicación. Alex refunfuña y confiesa que a poco se casan en Marruecos porque había más luz solar, y que casi se deciden a hacerlo tras una bronca de antología. Aquí me dio por pensar:

  1. Lo de las reconciliaciones con sexo después de discusiones gordas lo había oído ya, pero creo que intentar remediar una pelea con boda es la primera vez que me lo cuentan.
  2. Siempre puede sacarse algo bueno de los inconvenientes que por todos lados nos acechan: si el matrimonio es una ceremonia sin consecuencias legales ni derechos civiles, ¡Puede celebrarse en cualquier sitio y de cualquier manera! ¡Más libertad! Qué más da Marruecos, las Islas Fidji o un pueblo del sur de Bélgica.

Jess es un animal de seducción y convence a Alex de lo bueno que sería pronunciar sus votos en lo alto de la torrecilla. Alex comienza a ver con buenos ojos la propuesta, y con mejores ojos aún a quien la ideó. Y como ya se va viendo que Jess no es precisamente persona indiferente a los encantos de la belleza humana, id pensando que Lisa debería irle echando un ojo preventivo a su novia. Y próximamente……¿Qué pasará? ¡Pues lo veremos en el próximo capítulo, sólo hay que esperar un poco al siguiente resumen!