Para nuestra Silva favorita la semana anterior en Seis Hermanas fue como una montaña rusa de emociones ya que pasó de estar por los suelos a subir prácticamente al cielo y mucha culpa de eso lo tiene su amor, que llegó con una gran coraza pero le duró dos telediarios, vaya el tiempo de ver a Celia y derretirse de amor. Así que mejor vamos a empezar por el principio, porque la cosa empezó torcida, pero que manera de enderezarse…

Encontramos a Celia tomándose un café en el Ambigú cuando de repente entran por la puerta Aurora y su hermano. Obviamente, después de que la enfermera fuera a su casa a increparla y decirle que la dejara en paz, la Silva al verlos, intenta irse sin hacer mucho ruido, pero es tarde porque el futuro cuñado la llama cuando está prácticamente en la puerta y no le queda más remedio que responder a tal llamada. Gracias, diosa lesbicanaria. Aurora pone una cara de ¿pero-que-está-haciendo-mi-hermano? Al final no le queda a la Silva más remedio que terminar sentada con ellos. La incomodidad se palpa en el aire y no es para menos. Tienen unas caras de circunstancias que cualquiera diría que son expertas en disimular…

El hermano le cuenta que Aurora ha tenido molestias estos meses con el embarazo y rápidamente la Silva se preocupa por ello. Parece ser que su hermana ha estado más sensible de lo normal. Pues claro, que esperan si la separan del amor de su vida. Así que los tres en la mesa hablan trivialidades sin ahondar demasiado. Al final la enfermera le cuenta sus planes de futuro y al decirle lo feliz que es con su esposo hace que Celia no aguante más y se levante de la mesa con la excusa que tiene prisa. Que pena verlas así, con lo que han sido estas dos…

Obviamente la futura maestra termina muy afectada por el encuentro y hasta se tiene que retirar de la cena de después. Más tarde se desahoga con Rosalía y le dice que ha visto a una amiga que está casada y embarazada y se ha dado cuenta que su vida no tiene sentido. El ama de llaves intenta animarla pero Celia no es capaz de animarse porque lo que ha vivido en estos últimos días con su amor pues es demasiado para ella. Y claro, como tampoco le puede decir a Rosalía que de quien habla es del amor de su vida, pues por muchos consejos que le den, igual al no saber la situación verdadera no dan del todo es el clavo. Cuanto sufrir en tan poquito cuerpo.

Al día siguiente la llama Benjamín, quiere darle unas cosas suyas que tenía Petra de cuando la enseñó a leer. Le dice que su hija estaría encantada que con esos materiales enseñara a más niños como lo hizo con ella. El padrísimo le pide un favor, el no olvidar nunca a su hija porque según el hombre, si se olvida a los muertos es como si nunca hubieran vivido. Celia le promete que nunca lo hará, y ¿cómo va a hacerlo? Si la Fuentes fue su gran primer amor. Ni ella ni desde luego nosotras nos olvidaremos de esa obrera que siempre quiso saber más y no se puso limites a pesar de su condición. Y ya paro porque lagrimitas van a empezar a caer por mis ojos.

Y bueno, la vida sigue adelante y llega el día en que Francisca actúa en un teatro, algunas de las hermanas van a ir a verla y así es como encontramos a Celia, enfundada en un precioso vestido preparándose para el evento. De repente entre Merceditas al cuarto, cuando ya está lista para decirle que tiene una visita, cosa rara porque no espera a nadie, pues nada, casi se nos cae todo al ver a Aurora entrando a su cuarto y anunciándose ella misma. Celia se queda sin saber que decir y muy sorprendida y le pide a la Merceditas que las deje a solas:

Aurora: He venido a decirte algo importante.
Celia: Pues tu dirás.
Aurora: Te odio Celia.
Celia: ¿Me odias?
Aurora: Sí, te odio. Te odio por meterte en mi vida, no, peor aún, te odio por meterte en mi cabeza y no salir de ahí ni un solo segundo. Te odio porque yo quiero llevar una vida normal y tu no me dejas.
Celia: Aurora, te has ido al pueblo, te has casado, vas a tener un niño…
Aurora: Pero todo eso lo he hecho para olvidarte. ¿Es que no lo ves? Y basta con un encuentro casual para que toda mi vida se venga abajo.
Celia: Aurora, yo no quiero hacerte sufrir.
Aurora: ¿Y tus cartas? Cada una de tus cartas es como un puñal que se me clava en el corazón.
Celia: Mis cartas eran para contarte cosas importantes. Yo considero que somos amigas y las amigas se cuentan las cosas.
Aurora: ¡No! ¡No lo somos Celia! ¡No lo somos! O lo somos todo o no somos nada.
Celia: ¿Y qué quieres ser?
Aurora: Sal de mi vida, porque tú eres la persona que más daño me puede hacer.
Celia: Pero no es verdad que me odies…
Aurora: Sí, si te odio y no quiero volver a verte, lo siento.
Celia: Muy bien, gracias por tomarte la molestia de venir a decirme cosas tan crueles en persona, yo tampoco te quiero volver a ver.
Aurora: Adios Celia.

Casi me pongo a llorar en el momento que veo a aparecer a Aurora por la puerta, primeramente pensaba que iba a declararle su amor y a decirle que todos estos meses sin ella habían sido un infierno y que la quiere, que la tomaría en sus brazos y le zamparía un beso, pero claro, menudo jarro de agua fría, porque seamos sinceras, no hacía falta ir a verla para echarle más sal a la herida.

Cuando se va, yo ya me encontraba pataleando en el suelo como una niña pequeña pero de repente veo que hay una continuación. Vemos a Celia destrozada porque el amor de su vida básicamente la ha enviado a paseo y diciéndole que la odiaba, cuando de repente, se abre la puerta por detrás y vemos que es la enfermera, que ha tardado dos minutos de reloj en arrepentirse de todas las barbaridades que le ha dicho. Celia al verla casi le da un desmayo y cuando escucha de su boca un: “yo no te odio, te quiero y no puedo vivir sin ti” la coge por banda y sin mediar palabra…

Aisssssshhhhhhhhhhh reconozcamos que morimos de amor con esta escena. Casi pensé que los aplausos del final venían de mi propia cabeza y no de la siguiente escena. Me partió el corazón ver a Celia tan afectada por todo lo que le había dicho pero la otra, no tardo ni tres segundos en arrepentirse, ¿cómo la va a odiar? El muro que levantó Aurora ha caído y no ha podido aguantar más esa pose de mujer casada feliz. Si es que cualquiera de desenamora de la Silva, con lo mona que es, de hecho, a la vista está que solo ha necesitado dos encuentros para que su mundo se le venga abajo, si eso no es amor. Estoy tan emocionada que casi me olvido de pensar que ahora es una mujer casada y embarazada, traducción: Problemas.

Al día siguiente y cuando aún no nos hemos recuperado de ese colapso de amor Aurora va a buscar a Celia y la encuentra en la puerta de su casa. La enfermera está preocupada porque tiene que esconderse, ya debería haber vuelto a Cáceres y su marido o su hermano la deben estar buscando. La Silva le propone que se quede en su casa ¡¡¡¡¡¡¡¡ Si, por favor!!!!!!!!! Celia cree que no sospecharán nada porque todas las hermanas se piensan que son amigas. Esa es una buena solución por unos días pero cuando se le empiece a notar el embarazo ya será otra cosa. Además según la enfermera “no puede volver a separarse de ella”. Celia le responde que tiene que ser una excusa de peso, el que no quiera ver a su hermano ni a su marido. Como por ejemplo que este último la maltrata (mal Celia, mal…) pero la otra le dice que el hombre es una buena persona y no puede decir eso, pero al final, lo más fácil es hacer creer que su marido es un monstruo…

Y básicamente, así termina nuestra semana. ¿Qué os ha parecido esa escena del beso? ¿Podrán seguir con la mentira para poder estar juntas? ¿Cómo pensáis que se desarrollarán los acontecimientos? Nos queda un camino largo pero nuestras chicas están JUNTAS de nuevo, no puedo terminar el resumen más feliz por ello. ¡hasta pronto!